«Me encontraron un oncólogo excelente en el extranjero, y nunca estuvimos solos.»
Ante un diagnóstico de cáncer de mama HER2 positivo y un presupuesto desalentador en su país, Diane y su marido acudieron a nosotros para pedir una segunda opinión, y encontraron una vía de tratamiento en un centro oncológico acreditado por la JCI en Estambul.
«Me encontraron un oncólogo excelente en el extranjero y se ocuparon de todo. Ahorramos dinero y nunca nos sentimos solos.»
El diagnóstico
En la primavera de 2025, una mamografía rutinaria cerca de su casa en Ohio se convirtió en una biopsia y, después, en las palabras para las que nadie está preparado: cáncer de mama invasivo HER2 positivo. A sus 54 años, Diane siempre había estado sana. De pronto se veía leyendo sobre quimioterapia, terapia dirigida y cirugía, y mirando presupuestos que su seguro solo cubriría en parte.
«No era solo el miedo al cáncer —recuerda—. Era la sensación de que cada puerta tenía una etiqueta de precio y yo no sabía cuál era la correcta.»
En busca de una segunda opinión
La hija de Diane encontró Capital Oncology Group en internet y nos envió esa misma noche su informe de anatomía patológica y sus pruebas de imagen. En dos días, una coordinadora la llamó —en un inglés sencillo y desde un número estadounidense— para explicarle qué decían los informes y qué opciones tenía, tanto en su país como fuera.
Organizamos una segunda opinión por escrito con una especialista en cáncer de mama de nuestra red. El plan coincidía con lo que recomendaría un centro estadounidense de referencia —quimioterapia neoadyuvante actual con terapia dirigida frente a HER2 y después cirugía—, pero por una fracción del precio y en un hospital acreditado por la JCI en Estambul.
El tratamiento en Acıbadem Maslak
Diane decidió viajar a Estambul, donde su tratamiento estuvo dirigido por la Prof. Dra. Özlem Er, oncóloga médica formada en MD Anderson y con dos décadas de experiencia en cáncer de mama. Cada parte del viaje se coordinó para ella: vuelos, un hotel cerca del hospital, los traslados desde el aeropuerto y una intérprete médica presente en todas las citas.
Su caso se revisó en un comité de tumores multidisciplinar antes de empezar, y recibió un plan por escrito que pudo compartir con su familia. «Esperaba sentirme una extraña —cuenta Diane—. En vez de eso, desde el primer día me trataron como a una persona, no como a un número de expediente.»
La vuelta a casa
Diane completó sus ciclos de quimioterapia y terapia dirigida y volvió a Ohio para el resto de la recuperación, con sus pruebas e informes traducidos y ordenados para que sus médicos locales pudieran retomar el seguimiento sin fisuras. Su coordinadora la llamó la semana en que aterrizó, y de nuevo un mes después.
«La gente me pregunta si daba miedo irse al extranjero a tratarse un cáncer —dice—. La verdad es que me sentí más acompañada de lo que jamás habría imaginado, y ahorramos lo suficiente como para no tener que volver a hipotecar la casa para pelear esto.»
Lee más historias de pacientes
Cada trayectoria es distinta. Descubre cómo otras familias afrontaron su diagnóstico con nosotros.
Ver todas las historias